domingo, 12 de junio de 2011

La Piel.



Esta banda de San Sebastian debutó y puso fin a su trayectoria con un disco homónimo rotundo. De los pocos que todavía conservo en cesette. Diez canciones vigorosas, cada una de ellas representando un camino diferente y todas, enmarcadas en un pop rock de línea clara maleado en aires de bolero, de rumba o hasta brisas mexicanas con unas letras precisas y tremendamente bien acabadas. Desconozco cuanto estuvieron funcionando esta gente antes de grabar pero "La Piel" desprende una claridad de ideas y una autoridad que todavía estan buscando multitud de bandas, que surgireron después, y que todavía funcionan alineadas en esa especie de suerte de pop ibérico de fm.

domingo, 20 de marzo de 2011

La huída también era esto.


Hay veces que no entiendes la letra, o no quieres entenderla u oyes lo que quieres oír pero escuchando La Huída, el segundo corte del nuevo disco de Fabián, me pareció advertir un “no dejes que las canciones se conviertan en caminos”. En realidad, la letra dice no ves que las canciones se convierten en caminos, pero como lo dice... Hay cierta suplica en ello y al final, el significado se solapa con lo que inicialmente había entendido. Me había gustado tanto su anterior disco, que estaba aguantando la respiración hasta que apareciera este Después del incendio y otras cosas así, flamante novedad desde la propia portada y el chulísimo empaquetado con que se presenta. Y después de varias escuchas y algunos juegos inesperados de percepción, me encanta tenerlo de vuelta, con más brío eléctrico, con un traje sonoro clásico pero singular en el detalle, cuidado hasta el último doble e incorporando en las letras una apreciable carga de experiencia, desde las crónicas evocadoras, más o menos narradas hasta aquellas que nos cuentan sobre aquello del oficio de escribir e interpretar canciones. Ay, son estos artistas los que ponen en evidencia lo vetusto y anquilosado de nuestras escenas musicales, tan rígidas y preocupadas por distinguir a los buenos de los malos. Habría que olvidarse, borrar las listas, escapar del maldito estatus, de los mensajes ocultos y activar la curiosidad para no olvidarse de Fabián, que el premio vale un potosí. Que no, que no pasa nada si las canciones no se convierten en otra cosa.

domingo, 20 de febrero de 2011

The King is dead.


Las copas de los árboles recortadas con el cielo abierto y el título, The King is dead, avanzan la impronta que deja el último disco de The Decemberists. Una vigorosa proclama que declara el fin de las estaciones más duras pero sin poder dejar de lado, una melancolía y un sentimiento de derrota anticipada que, ahora que el rey ha muerto, no es más que la incertidumbre de lo que vendrá después. Tras el reto progresivo y un tanto indigesto de The Hazards of Love, la banda se recluye en una granja enclavada en un bucólico paisaje, y desprendiéndose de su barroquismo habitual, se entregan a unas canciones que tras sucesivas escuchas van ganando en amplitud, dando vida a un folk-rock de brillante acabado, poblado por acordeones, armónicas y cristalinos punteos eléctricos. Puede parecer más fácil pero es al revés; aquí no hay sutilezas aparentes, y la voz, no susurra apocada sino que clama en pleno campo, no como una plegaria sino como una celebración consciente de lo que se ha perdido.

domingo, 13 de febrero de 2011

¿De dónde viene la luz?



Parece que se reunen para dar un concierto en una emisora de radio y sin embargo, están contribuyendo a un muestreo para una novedosa propuesta científica que habita entre la alquimia pictórica y la física. Un complejo artilugio revestido de espejos registra y distribuye las ondas que genera la música. El objetivo es atrapar el volumen del sonido a través de la refractación.

domingo, 30 de enero de 2011

¡Let Freedom Ring!

Chuck Prophet está que se sale. Hace unos días estaba incendiando, pletórico, las salas españolas con su recreación del London Calling de The Clash y en esas que reparo en ¡Let Freedom Ring!, cuyo primer tema curiosamente parecía barruntar el homenaje clashistico. Es su último disco hasta ahora, grabado en México, D.F., con un montón de canciones buenas que ya quisieran para sí cualquier oso o vaca sagrada de la América del Norte, y con una intensidad y un ambiente que le reinventan y le reivindican de nuevo, como uno de los songwriters más inspirados que tenemos en lo del americana? Por cierto, la singular estampa de portada me da que tiene un nosequé a la portada de El Singapur de Ángel Petisme.

ExPLENDID BEHAVIOUR ARRIVAL.


Conexiones y antojos más o menos extravagantes. Me gustaría decir The Pogues (sin Shane McGowan) y Gabriel Sopeña antes que Tom Petty o Tom Waits o Robi “Draco” Rosa antes que Bob Dylan pero podría resultar, eso, una salida de tono. Este ExPLENDID BEHAVIOUR ARRIVAL, pertenece por vocación a ese apartado de artefactos bastardos y mestizos, que parecen germinar fruto de la amistad y de la casualidad. Y E.B.A. es el nombre que Alfonso Casasnovas y Alan Boguslavsky adoptaron para este proyecto, músicos con un currículo alejado sobre el papel pero compartiendo encuentros y claves comunes. Estas canciones, que por su alineación con un sonido americano fronterizo, más o menos reconocible, parece que se hallaron huérfanas allá cuando se publicaron en 2003, adelantándose en cierto modo a la enorme exposición que ahora sí que tienen estos estilos. Pero veamos más allá porque si bien puede valer esa etiqueta, el todo es pues mucho más que la suma de las partes, como se aprecia al comprobar que el disco empieza de una manera para luego seguir de “otras” bien diferentes, en una especie de trova mutante con una mano en El Portillo y otra en El Paso, que va haciendo la ronda entre brisas de guitarra, confesiones arrebatadas y/o alucinadas, falsetes relajados y juegos bilingües. “No quiero ser aquél tipo del año pasado”, dice el tema de apertura. Si tú tampoco, escuchar estas canciones puede ayudar.

domingo, 9 de enero de 2011

Say Sha Sha.


El pop tiene esas cosas tan buenas. Cada cierto tiempo aparece un imberbe que se maneja con pasmosa facilidad/habilidad en lo de componer e interpretar canciones de porte clásico, sin aderezos, ni coartadas artys. En Sha Sha, publicado en 2002, el talentoso Ben Kweller, alternaba reconfortantes baladas a piano y gozosos riffs de guitarra para retratar esa música americana sobre la que aparentemente siempre resulta muy poco atractivo hablar pero que tampoco se prodiga tanto en disco, al menos en discos buenos.