
Aunque cuando me hice con este disco supe que me encantaba tras la primera escucha, erré al pensar que pecaba de sonar un tanto convencional y que quizás, un acabado algo más sucio y aguardentoso podía hacerle muy bien. Pasaban los meses y en momentos de bloqueo selectivo terminaba recurriendo a este Draw the curtains, así que al final tuve que asentir al ver como la habían colado. Eran diez canciones sobresalientes, que saltando entre el mejor american rock, el folk y un agradecido soul blanco pasaban del pellizco al arañazo en menos de un estribillo. Y todo, gracia y cortesía de unas prendas musicales ajustadas y de inmejorables acabados y por supuesto, de la voz del nashvilliano Will Hoge, aliento lleno de pliegues y bálsamo para los oídos.